Tratamiento cognitivo
No puede hablarse estrictamente de un tratamiento cognitivo
del TOC, sino de aportaciones cognitivas dentro de la EPR. Así se
han aplicado técnicas como el entrenamiento en autoinstrucciones,
la terapia racional emotiva o la terapia cognitiva de Beck. Por otro
lado, la hegemonía de la EPR ha hecho, con buen criterio, que la
investigación se plantee en términos de qué puede aportar el enfoque cognitivo a la EPR. Este esfuerzo ha de matizarse, además, si
se considera que la EPR ya ejerce cambios cognitivos, aunque no
se produzcan de modo directo. Una forma elegante de mostrarlos
es la ofrecida por Foa y Steketee (1979), quienes señalan que quizá la EPR no corrija los déficits cognitivos del paciente, sino que
simplemente reclasifique las obsesiones o las preocupaciones como no amenazantes.
El primer estudio dirigido a evaluar la aportación cognitiva fue
realizado por Emmelkamp, van der Helm, van Zanten y Plochg
(1980) y en él se comparó la utilidad de añadir el entrenamiento en
autoinstrucciones a la EPR. Los resultados mostraron más ventajosa la EPR sola que acompañada por el entrenamiento autoinstruccional. En un segundo intento, Emmelkamp, Visser y Hoekstra (1988) compararon la ERP con la terapia racional emotiva. Los
resultados obtenidos en reducción de la sintomatología obsesivo compulsiva fueron semejantes para los dos grupos. No obstante,
algunas de las condiciones aplicadas al grupo de EPR, tales como
una ajustada duración de la exposición (1 hora) y del tratamiento
(10 sesiones), una muy graduada exposición y una escasa programación de las tareas de autoexposición, hizo que el tipo de EPR
estudiada fuera en distintos factores distinta a la aplicada en otros
trabajos con mejores resultados (ver Foa, Kozak, Steketee y McCarthy, 1992).

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